Rab. Rodrigo (Afro) Remenik

«El Eterno habló a Moshé: Envía a hombres para que exploren la tierra de Cnáan que di a los hijos de Israel. Envíen al líder de cada tribu. Y Moshé envió por mandato del Eterno desde el desierto de Parán a los hombres que encabezaban a los hijos de Israel.» (Bemidbar 13:1-3)

La parashá de «Shlaj lejá» describe el envío de los espías para explorar la tierra de Canaán, su informe de regreso, la protesta de Caleb y Josué para superar el miedo, y el castigo de Dios y Moisés por el pecado de los espías. La parashá simboliza los conflictos internos existentes dentro de cada uno de nosotros entre el “ello”, el ego y el superego. Desde un punto de vista psicológico, los espías representan el “ello” al expresar sus miedos hacia las naciones poderosas y las ciudades fortificadas: «…y éramos a nuestros propios ojos como langostas» (Bemidbar 13:33). El ego se manifiesta en las palabras de Caleb y Josué, quienes llaman a superar el miedo y creer en su capacidad: «Subamos y tomémosla» (Bemidbar 13:30). Moisés representa el superego al recordar los compromisos éticos y las promesas divinas al pueblo de Israel.

Mecanismos de defensa como la negación y la proyección son prominentes en la parashá. El pueblo niega su capacidad para tener éxito y cree en las palabras de los espías temerosos, proyectando así sus propios miedos en sus líderes: «No podremos subir contra aquel pueblo porque es más fuerte que nosotros» (Bemidbar 13:31). Culpan a Moisés y Aarón por su futuro fracaso en lugar de enfrentar sus propios temores, destacando el uso de la proyección como defensa contra la ansiedad.

El conflicto interno entre los miedos, las esperanzas y los compromisos éticos en la parashá de «Shlaj lejá» ilustra la dinámica entre las partes de la psique humana. La comprensión de estos conflictos y mecanismos de defensa nos ayuda a entender nuestro propio comportamiento y el de quienes nos rodean. Estos conflictos también se manifiestan en el sistema social y político durante los actuales tiempos de guerra. La respuesta inicial de cada uno frente al terrorismo de Hamás fue impulsada por el “ello”: miedo y rabia. Lentamente comenzaron a aparecer voces racionales del ego que enfatizan las verdaderas capacidades y metas realistas de la guerra. Creo que en el futuro cercano también surgirán voces del superego que hablen sobre nuestro compromiso ético de ser un pueblo libre en nuestra tierra y una luz para las naciones.

Recordemos que nuestra lucha no es sólo por nuestra seguridad física, sino también por nuestros valores éticos y humanos. Debemos mantener una visión futura en la que vivamos en paz y seguridad, y al mismo tiempo, no olvidar nuestro compromiso de ser justos y humanos hacia todos los seres humanos.

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