Rab. Eyal Yashfe

Cada año en Iom Kipur nos esforzamos por verificar dónde tropezamos, dónde podríamos haber sido más exactos, más atentos, más orientados hacia nuestras creencias y valores.

Este año enfrentamos uno de los desafíos más complejos al observar en forma adecuada estos principios. Nunca estuvimos en una crisis existencial tan aguda que nos amenaza con destrozarnos desde adentro con una guerra multifacética sobre nuestra existencia.

Una guerra que nos plantea interrogantes morales complejos. Una guerra que examina nuestros límites en diversas dimensiones: como seres humanos, como judíos, como laicos y como humanistas.

¿Actuamos de acuerdo a nuestra conciencia? ¿Hicimos lo necesario para cicatrizar las rupturas dentro del pueblo y evitar su escición? ¿No habremos pecado en generalizaciones peligrosas contra amplios sectores?

En una poesía de la época de la Segunda Guerra Mundial, nos preguntaba Hana Szenes cómo a traves de las llamas del incendio y la luz solar que encandila, lograremos reconocer la esencia pura y eterna del ser humano.

¿En qué pecamos? ¿Acaso pecamos? Wislava Szymborska nos narra que no hay nada más no humano en nuestro tiempo que una conciencia limpia. Sólo el que no utiliza su conciencia logra mantenerla limpia.

La culpa es un tipo de sentimiento que no amamos. Especialmente cuando una culpa proviene de factores externos, generalmente sin nuestro acuerdo. A veces puede ser interpretada como una manipulación. Promover cargos de conciencia para conseguir algo de nosotros. Esta culpa se la llama culpa psicológica. Como no nos ayuda, sugiero que la pongamos a un lado.

El filósofo alemán Karl Jaspers presenta una percepción de la culpa y la purificación. De acuerdo a él hay cuatro tipos de culpa que son críticos para la sociedad humana. Se trata de una culpa constructiva. Que nos ayuda a crecer como seres humanos y como sociedad.

Jaspers presentó por primera vez este planteo en un discurso a connacionales alemanes, inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial. Imaginemos esta situación de un filósofo alemán disertando sobre la culpa ante un público alemán inmediatamente después de la finalización de la Guerra.

Los cuatro tipos de culpa que Jaspers sugiere son: criminal, política, moral y metafísica.

La culpa criminal es impuesta sobre el individuo por un tribunal por haber transgredido la ley del Estado, o a veces por la ley internacional cuando la ley del Estado la transgrede.

La culpa metafísica se refiere a nuestra responsabilidad colectiva como seres humanos por todo acto de cualquier persona.

Prefiero centrarme en las culpas política y moral:

Una culpa política, es la que recae sobre los políticos que conducen la conducta de un gobierno de un modo indigno. Según Jaspers, no sólo los políticos son acreedores a este tipo de culpa. En realidad toda persona que no hace todo lo posible para oponerse a una política incorrecta, también carga con la culpa política. Por ejemplo, si nos parece que el gobierno descuida a los secuestrados, según Jaspers, si no utilizamos todas nuestras posibilidades de actuar para oponernos a esta decisión, somos partícipes de esta culpa. Generalmente, una culpa política recae sobre todo el público y no sólo sobre algún individuo.

La culpa moral no se impone desde afuera. No tiene ningún valor ni tiene sentido acusar de una culpa moral a alguien que pertenece a un grupo que se opone a nosotros. La culpa moral surge cuando una persona reconoce que ha cometido una injusticia. Este sentimiento puede ser despertado por factores externos sólo cuando proviene de alguien que realmente nos importa y que se respeta su autoridad. Esta culpa es siempre personal y afectará solamente a quien da lugar a la conciencia y al arrepentimiento. Un ejemplo de esta culpa es cuando se culpa a grupos humanos por crímenes cometidos por individuos, o por causar daño a semejantes, aunque no sea intencional.

En este año fueron muchas oportunidades para una culpa política y una culpa moral. Recordemos que estas culpas pueden a veces dirigir nuestro camino. Siempre es importante tener una brújula para no perder el rumbo. Una brújula humanista puede servirnos en esta compleja y cansadora marcha.

Más allá de las culpas, es importante que también sepamos perdonar. Especialmente de recordar de perdonarnos también a nosotros mismos.

Tal como nos dijo el escritor Ehud Manor: «El hombre es sólo un hombre, y la mayor parte de sus días son noches. No hay un hombre perfecto con todas las cualidades…»

Sugiero que busquemos un ámbito en el que nos sintamos perturbados más que nada moralmente, y que pensemos cómo podemos actuar para enmendar lo hecho. Nuestro objetivo no es cambiar al mundo, sino sentir en nuestro interior que hicimos todo lo que pudimos. Si todos actuamos de este modo, también el mundo cambiará.

Shaná tová.

CategoryDestacados, Iom Kipur
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