
Rabino Emanuel (Mani) Gal
Devarim, Capítulo 16. – 18 Jueces y alguaciles designarás en todas tus ciudades que el Eterno tu Dios asigna a tus tribus y juzgarán al pueblo en juicio justo. 19 No torcerás el derecho, no harás excepción de personas ni admitirás sobornos, porque el soborno ciega los ojos del sabio y distorsiona los juicios del justo. 20 Procurarás sólo la justicia para que vivas y heredes la tierra que te dio el Eterno tu Dios.
Los principios de la Ley Hebrea son vigentes hasta hoy: la ley debe basarse en la justicia; tiene que basarse en la igualdad; debe estar limpia de corrupción; debe estar orientada al objetivo más elevado al que puede dirigirse – la vida. Se puede leer entre líneas que sin un sistema legal correcto el pueblo no tiene una vida digna.
También en nuestros días, cuando ya tenemos un estado propio, un sistema legal y tribunales que actúan de acuerdo a estas leyes, la justicia, la igualdad y la honestidad no son considerados como algo sobreentendido.
También hoy, aun cuando tenemos una economía desarrollada y un ejército de defensa en nuestras fronteras – sin justicia no tenemos vida. La ley y la justicia son parte de las herramientas más importantes para una sociedad cargada de contradicciones y tensiones.
¿Cómo son electos los jueces? La Torá destaca a «el juez que actúe en esos tiempos» y también a los sacerdotes levitas, pero vemos que la ley hebrea de acuerdo a la Torá se basa en la autoridad religiosa. Son los sacerdotes levitas los que interpretan la voluntad de Dios y modelan el sistema legal en su nombre. No se menciona ninguna posibilidad de mantener un debate sobre las leyes o renovarlas, «… y todo el pueblo escuchará y temerá…»
El capítulo siguiente continúa:
Capítulo 17 – 8 Cuando te fuere dificultoso juzgar un asunto entre sangre y sangre, entre un veredicto y otro, y entre una herida y otra, y surja una controversia profunda en tus ciudades, irás al lugar que eligiere el Eterno tu Dios. 9 Irás a los sacerdotes levitas y al juez que esté en esos días. Los consultarás y te dirán el veredicto del juicio. 10 Harás según lo que te digan en el lugar elegido por el Eterno y cumplirás todo lo que te ordenen. 11 Harás lo que te instruyan de acuerdo a la ley, no te desviarás de lo que te digan a izquierda o derecha. 12 Y aquél que obre adrede y no obedezca al sacerdote que está allí para servir al Eterno tu Dios, o al juez, deberá morir, y así extirparás el mal de Israel; 13 y el pueblo al saberlo temerá al Eterno y no actuarán más con alevosía.
El otorgamiento de la autoridad sobre las leyes al liderazgo religioso, hace peligrar los principios de justicia e igualdad y la exigencia de honestidad. Líderes religiosos por más que sean ilustrados y prodigiosos, siguen siendo humanos, y ninguno de ellos tiene la capacidad y el derecho a describir una disposición o ley como «el deseo de Dios». Desde la aparición en la cultura humana del principio de democracia que conquistó su lugar al lado del principio del imperio de la ley, nació el principio de la separación de la religión del estado, como fundamento práctico necesario para la existencia del estado moderno. El joven Estado de Israel se abstuvo de aplicar este importante principio, hecho que produce hasta el presente agitaciones y enfrentamientos en nuestra sociedad, que la mayoría de sus ciudadanos no mantiene una forma de vida religiosa, y no basan su pensamiento en la creencia divina.
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