Rab. Dr. Efraim Zadoff
El 7 de octubre de 2023, 22 de Tishré de 5784, día de celebración de Simjat Torá, fue un día terrible para los israelíes. Lo fue también para millones de judíos de la diáspora. Y no me cabe duda que también para millones de seres humanos con una perspectiva humanista y liberal de la vida.
En este día comenzó la irrupción de un antisemitismo visceral, que probablemente estaba adormecido, en multitudes de diferentes orientaciones políticas y sociales en muchas latitudes del mundo.
En otros sectores se reanudaron las demostraciones de apoyo al Estado de Israel y a su derecho de vivir en paz. La gran mayoría de los miembros del pueblo judío se sintieron profundamente conmovidos y preocupados por lo que estaba ocurriendo en Israel.
Pero la conmoción más profunda la sentimos los ciudadanos israelíes al comprobar la catástrofe que estábamos viviendo. Un cataclismo causado por la miopía e ineptitud de todas las instancias gubernamentales, políticas y de seguridad, que ignoraron advertencias concretas por lo que se estaba avecinando. En vez de preparar al país se aferraron a concepciones erróneas sobre la realidad e ignoraron las advertencias sobre un posible ataque salvaje de sectores fundamentalistas palestinos y musulmanes.
El shock del que sufrimos los israelíes se ve agravado por la evasión de la responsabilidad por parte de la mayoría de los que tenían en sus manos el deber de preservar la seguridad de los ciudadanos. Al no asumir esta responsabilidad sobre el aberrante error cometido, al abandonar sin la protección correspondiente a una parte importante de la frontera del país y a las decenas de miles de civiles que habitaban la zona y a muchos miles que se convocaron en la zona para celebrar la vida y sus deseos de paz y armonía. Más de mil de ellos fueron violados y asesinados cruelmente por los terroristas.
A partir del 7.10.2023 la mayoría de los ciudadanos de Israel estamos enfrentando situaciones que nunca imaginamos. Desde entonces se desató la guerra. La más larga que enfrentamos desde el final de la guerra de independencia. Con muchos miles de víctimas inocentes en la población civil palestina en Gaza y de civiles en Israel. Con cientos de soldados, en servicio activo y en reserva, caídos en combate contra las fuerzas terroristas que predican y procuran la destrucción del Estado de Israel.
Pero tal vez lo más grave que estamos viviendo es el abandono de la responsabilidad que tienen las instituciones responsables de recuperar y liberar a los rehenes que fueron secuestrados por los terroristas en ese fatídico día. En vez de aplicar los fundamentos judíos que colocan como absoluta prioridad el deber de rescatar rehenes (pidión shvuím – Talmud de Babilonia, Bava Batra 8, 2) y que el que salva una sola vida es como si salvara al mundo entero (Talmud de Babilonia, Sanhedrín 4, 5), los responsables de las negociaciones por la liberación de los secuestrados anteponen consideraciones políticas a esta obligación. Hasta llegan a priorizar antes de la liberación un supuesto «beneficio para el país», siendo conscientes que esto implica el asesinato de los secuestrados a manos de sus captores.
Quiero finalizar con las palabras de Ionatán Shamriz de Kfar Aza, hermano de Alón Lulu Shamriz que fue secuestrado por Hamás y muerto erróneamente por Tzahal cuando había logrado escapar tras 65 días de cautiverio de los túneles de Gaza. Ionatán habló al final del acto multitudinario organizado por los familiares de los secuestrados el 7.10.2024 en el parque Hayarkón al norte de Tel Aviv. Sus palabras reflejan el sentir de millones de israelíes.
«… Creo que una nueva generación está surgiendo en Israel de las ruinas y la destrucción. Una generación que cree en el espíritu de los israelíes que va a construir y modelar un país mejor y más moral. Un país que procura la verdad, la santifica y no la abandona. Un país que sostiene firmemente y se basa en la mutua responsabilidad. En la que hace todo por salvar a nuestros compañeros. Se hace todo por liberar a los 101 secuestradas y secuestrados que sufren en los túneles de Hamás. Un país del que estemos orgullosos de criar en él a nuestros hijos. Un país próspero para el pueblo judío y para todo el que une su destino al nuestro. … No cejaremos hasta que corrijamos ni descansaremos hasta que reconstruyamos.
Somos la generación que surge de las ruinas, de la Shoá, del infierno y que va a cristalizar la nueva visión sionista. Cuando esto ocurra voy a saber que la senda de Alón se convirtió en realidad.
¡Levántense! ¡El pueblo de Israel vive! ¡AM ISRAEL JAI!»
(Ésta es la conexión a la grabación del acto, sin traducción: www.youtube.com/live/L2N-BxVZ4sg )
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