Rab. Andy Faur*

Algunos enfoques limitados de la libertad la entienden como una especie de elección individual sin intromisiones. Sin embargo, la idea de libertad va más allá del plano personal y abarca más que la mera elección libre entre opciones. El margen de libertad que pueden conquistar los individuos surge de condiciones sociales en las que éstos se encuentran, tanto generales de la estructura social como contextuales de cada situación. La vital importancia de la justicia y la sensibilidad social, así como la responsabilidad colectiva por los más débiles y carenciados, son fundamentales para lograr una libertad sostenible para todos.

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Pésaj, la Pascua judía, es considerada la «Fiesta de la Libertad» por antonomasia. Es el primer relato conocido (real o mitológico) que narra las vicisitudes de un pueblo esclavizado en pos de conseguir su libertad, que a su vez representa el acontecimiento fundacional del Pueblo Judío como tal.

Este colosal y antiguo relato, nos retrotrae y recuerda cada año que, en tiempos postreros, la mayoría de los seres humanos vivían esclavizados a la más vil servidumbre de reyes, amos, faraones y emperadores que los sometían a su voluntad.

El relato de dichos eventos aparece mencionado en el Libro de Shemot/Éxodo, segundo libro del Canon judío o Biblia. Es a partir de este momento, la salida de los Bnei Israel de Egipto, que comienza a contabilizarse el «tiempo judío» como tal (es decir su medición, control y administración), y es en donde se menciona por primera vez la palabra «pueblo» en relación a los Bnei Israel / Hijos de Israel (denominación bíblica de los judíos de entonces). Es decir, aquí comienza el «tiempo soberano» y ya no dependiente de otros, en el que termina el tiempo de la esclavitud y comienza el de la libertad.

El Éxodo de Egipto marca el momento en que comienza el tiempo judío como tiempo histórico, ligado simbióticamente al concepto de Libertad e íntimamente ligado a los conceptos de Justicia e Igualdad,como veremos a continuación

Pésaj, la fiesta de la libertad, la primera de las fiestas del calendario hebreo, la fiesta de los esclavos que se hicieron libres, es momento de transiciones, de finalización y de comienzo.

Dicha transición comienza en el momento de la salida de la tierra de la esclavitud a la tierra de la libertad, de una realidad agobiante conocida y atormentadora de la que se desea escapar, a una realidad desconocida que encierra la promesa de la libertad y la incertidumbre de lo desconocido. La esencia de la esclavitud y la esencia de la libertad están ligadas, como fue mencionado, a la soberanía sobre el tiempo: un esclavo es aquel que está sometido a la voluntad de los demás, que no es dueño de su tiempo, no tiene disponibilidad ni autonomía ni calendario propio, porque todo su tiempo está encadenado a la arbitrariedad de otros que manejan sus fuerzas y recursos, atado al beneficio y bienestar ajenos.

Una persona libre es aquella que cuenta con soberanía en el manejo de su tiempo y lo administra a su voluntad, para beneficio y bienestar propios y de los demás, por voluntad y elección autónoma.

Ya en tiempos antiguos, la cultura judía progresiva y revolucionaria, buscaba asegurar que cada persona, sin importar quién era ni lo que hacía, tuviera garantizado por lo menos un día de igualdad y libertad cada siete días (Shabat), y que cada persona tuviera setenta días de libertad (Jaguim y Shabatot) y descanso del trabajo y de la rutina diaria, cada año.

El pueblo judío era el único pueblo en la antigüedad que recibía setenta días de «libertad» cada año, considerados días «sagrados» en los cuales estaban prohibidos cualquier obra o tarea. Estos eran días «especiales» (Mikrá Kódesh) dedicados a la comunidad, la familia, el estudio y la memoria, días de libertad par excellence.

La milenaria erudición judía, desde tiempos ancestrales, entendió la importancia del manejo del tiempo y supo darle una dimensión sagrada y especial para crear un ciclo rítmico (sagrado) de tiempos de trabajo y tiempos de descanso, algo inédito en aquellas épocas.

No se puede soslayar la tremenda importancia de esta radical idea, ya que en el mundo antiguo grandes sectores de las poblaciones eran esclavizadas y privadas de su libertad, es decir, trabajaban durante todo el año en beneficio de sus tiránicos amos esclavizadores, sin intervalos y sin descanso, derechos básicos de las personas.

Bejol Dor Vador: Pésaj y su Hagadá tienen un mensaje universal

Hay una frase que resuena fuertemente en la Hagadá de Pésaj (texto central de la festividad) y que nos toca de manera individual y colectiva: “En cada generación, cada persona debe verse (o considerarse) a sí misma como si fuera que salió de Egipto (de la esclavitud a la libertad)”.

El dato interesante de mención, es que el texto de la Hagadá no habla de “judíos” sino de “personas”, cada ser humano tiene que verse y mostrarse como si fuera que está saliendo de la esclavitud faraónica. Es decir que la libertad experimentada aquella noche por el pueblo judío no es algo exclusivo y tiene una dimensión extensiva, humanista y universal, que va más allá de particularismos, lugares o épocas. 

Cada uno de nosotros tiene que vivenciar, individual y colectivamente, esta liberación y expresarla a otros con acciones, solidarizándose con todos aquellos seres humanos oprimidos y necesitados.

Esta frase nos recuerda que la libertad no es un privilegio, sino un derecho inherente a todos los seres humanos y no un regalo que se nos ofrezca de vez en cuando de acuerdo al humor o voluntad de otros. Tenemos el deber de luchar y defender nuestra libertad y la de todos los que nos rodean en toda ocasión que ésta se encuentre en vilo.

La libertad y su significado moderno

Hay palabras que ganan relevancia en el discurso público de acuerdo a las circunstancias en que se expresan. En la actualidad, esto sucede con el término «libertad», cuyo significado es especialmente amplio y remite a valores muy apreciados en nuestra cultura.

Desde sus primeras menciones en las fuentes bíblicas, el concepto de libertad es constantemente distorsionado y mal utilizado por aquellos que entienden solo su significado abstracto y formal.

Algunos enfoques limitados de la libertad la entienden como una especie de elección individual sin intromisiones. Sin embargo, la idea de libertad va más allá del plano egoísta e individual y abarca más que la mera elección libre entre opciones. Es sabido que la ausencia de interferencias (que nadie se interponga y que no haya norma que prohíba) no garantiza la plena libertad.

En la actualidad, por ejemplo, en la mayoría de los países las leyes no obligan ni prohíben la dedicación a una determinada ocupación o profesión. Sin embargo, esta libertad es irrelevante en la práctica, porque las estructuras económicas y sociales condicionan las elecciones o posibilidades laborales. Desarrollarnos según nuestras capacidades y deseos requiere no sólo de la ausencia de restricciones externas sino también la posibilidad de acceder a recursos y oportunidades que permitan un ejercicio efectivo de la libertad, con las que no todos los seres humanos cuentan por igual.

La libertad individual es importante para la vida en sociedad y los límites que imponemos a nuestras propias libertades aseguran que, al mismo tiempo, respetemos la libertad de los demás. Esto nos recuerda que es necesario dejar de lado parte de nuestros deseos y aspiraciones personales para poder coexistir en un entorno social lo más justo y equilibrado posible.

Libertad y contexto histórico

El significado del concepto libertad varía en cada cultura y época histórica. El sentido que le otorgamos al término depende de nuestras creencias, valores, ideologías y circunstancias particulares que nos rodean. Las metas y proyectos de vida individuales surgen de presiones sociales y de modelos culturales sobre el modo de vida deseable en cada momento particular.

Fenómenos sociales como tipos de ocupación, estructura familiar o pautas de consumo están determinados por múltiples factores sociales, históricos y sociológicos que ejercen una poderosa influencia en las preferencias individuales. La mayoría de las personas siguen regularidades; es decir, eligen “libremente” lo que es pertinente a las costumbres de la época y el segmento de población al que pertenecen.

Quizá pasa hasta desapercibido, pero es importante recordar que hasta bien entrado el siglo XX, cerca de la mitad de la población mundial no sabía leer ni escribir. Es así que las personas analfabetas tenían muy restringidas sus posibilidades y, por ende, sus libertades para comprender el mundo, para elegir ocupación o para integrarse en la vida pública; situación que, para bien de muchos, cambió en las últimas generaciones.

Uno de los procesos más importantes de ampliación de las libertades individuales fue el de la alfabetización masiva, posibilitada por la educación pública obligatoria. La falta de libertad implicada en el analfabetismo no se debía a que alguien la limitara explícitamente, pero su solución se situó en la esfera pública y necesitó de una amplia y activa intervención estatal.

La educación masiva posibilitó que grandes masas de personas pudieran integrarse exitosamente, económica y culturalmente, y pasar de la periferia al centro de las sociedades, con la consecuente posibilidad de poder elegir con mayor libertad a qué dedicarse o cómo disfrutar de su vida.

Aún en el día de hoy, existen grandes sectores de la población mundial que no cuentan con los recursos y herramientas necesarias para desarrollarse libremente que les podría asegurar un sistema educativo público y eficaz. Obviamente lo mismo podríamos decir de los sistemas de salud, acceso a la cultura y al entretenimiento, la vestimenta, la vivienda, la alimentación adecuada, etc.

Es casi irrisorio mencionarlo, pero parecería ser que algunos sectores en el mundo, que se denominan a sí mismos liberales o libertarios (sin realmente entender su verdadero y profundo significado), quieren retrotraernos en el tiempo y dejar a grandes masas de personas a su suerte y destino, sin asegurarles el acceso a posibilidades que cubran mínimamente sus necesidades básicas, incluida la educación. Una visión que no denominaría «liberal», sino irresponsable, egoísta y perversa.

Sociedad, igualdad y libertad

La libertad individual es más acotada de lo que solemos creer. El margen de libertad que pueden conquistar los individuos surge de condiciones sociales en las que éstos se encuentran, tanto generales de la estructura social como contextuales de cada situación.

La idea de libertad supone un debate entre iguales sobre su contenido, alcances y significado, intentando que nadie imponga dogmáticamente una definición, ya sea por la clase social a la que pertenezca o por las relaciones de poder y dependencia hacia otros. Somos más libres cuando tenemos conciencia de estos condicionamientos y de su funcionamiento, que nos permiten reflexionar sobre nuestras pautas, costumbres y comportamientos, que generalmente decidimos en forma «automática».

En la práctica, las personas son más libres cuando superan cierto umbral de necesidades, cuando hay un piso de bienestar económico y cultural garantizado, que les permite ser dueñas de su tiempo, elegir ocupación y desarrollar actividades enriquecedoras y significativas para sus vidas.

La desigualdad provoca «deslibertad»: Quienes se encuentran en condiciones más favorables tienen siempre mayores probabilidades de «elegir» y reforzar sus privilegios. Lo contrario ocurre a quienes están desposeídos y entran en espirales de desventajas. Por ejemplo, las carencias económicas suelen retroalimentarse con problemas de educación, salud, desempleo, alimentación y vivienda, generando un infinito círculo vicioso.

La desigualdad social, la falta de oportunidades y de preparación, obstaculizan la libertad entendida como soberanía, independencia y autodeterminación de todo ser humano. Optar entre aceptar un empleo precario y mal remunerado o bien no tenerlo, no es verdadera elección libre.

Las regulaciones sociales (en gran medida estatales) brindan el marco necesario para el logro de ciertas libertades (individuales, sociales, laborales) y marcan los límites entre los cuales los seres humanos pueden desarrollarse en una sociedad justa y equilibrada.

Una sociedad, si no organiza dispositivos de atenuación de desigualdades económicas y sociales, por defecto, tiende a aumentarlas. La explotación encubierta, la concentración de los recursos y el acaparamiento de oportunidades son mecanismos habilitados legalmente por el «libre mercado» que, si no se regulan, devienen en una especie de esclavitud moderna.

La vital importancia de la justicia y la sensibilidad social, así como la responsabilidad colectiva por los más débiles y carenciados, son fundamentales para lograr una libertad sostenible para todos.

Ni la servidumbre voluntaria, por un lado, ni desresponsabilizarse de los demás por otro, contribuyen a crear un clima de libertad conjunto y compartido. Para conquistar una mayor libertad, tanto individual como colectiva, es necesario un mínimo de igualdad social.

Vehigadeta lebinjá (lebitjá) – y le trasmitirás a tus hij@s…

Otra de las frases icónicas de la Hagadá de Pésaj nos recuerda la obligación, año tras año, de volver a preguntarnos y repreguntarnos: ¿Quién es el esclavizador y quién es el esclavizado en cada tiempo y lugar?

Todavía, y después de tantos años de «civilización», no logramos como humanidad llegar a un mínimo acuerdo de convivencia justa, pacífica y consensuada.

Pésaj nos recuerda cada año, la necesidad de que siempre actuemos con toda la fuerza, dedicación y convicción que tenemos por la libertad, la verdad, la justicia y la igualdad, en nombre de la dignidad de todo ser humano. Valores humanistas básicos como la responsabilidad mutua y la fraternidad humana, la bondad y la solidaridad, la empatía y el respeto, son los componentes indispensables para lograr la verdadera LIBERTAD de cada persona, en todo momento y lugar.

Dedicado a la liberación inmediata de todos y todas los y las secuestradas/os en Gaza.

¡Jag HaJerut Saméaj – Feliz Fiesta de la libertad para todos y todas!

Fuentes consultadas:

Fromm, Erich, El miedo a la libertad.

Elior, Rajel, Pésaj, la fiesta de la libertad y el significado del tiempo judío.

* Sociólogo, educador y Rabino laico-humanista.

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